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Los Colonizadores

Hay que poner el pecho

Hay que poner el pecho Llevar adelante este proyecto de poner en funcionamiento una escuela significó un esfuerzo muy grande. Había mucho por realizar pero no se contaba con dinero, razón por la cual las tareas, que eran muchas, había que realizarlas en los horarios que cada uno disponía fuera del trabajo cotidiano. Fue mucha la gente que participó y colaboró desinteresadamente; robando tiempo al descanso, a la familia, a la diversión.
Todo estaba por realizarse; habilitar un edificio, rescatar o construir mobiliario, realizar ampliaciones.
Se logró gracias al esfuerzo y el convencimiento profundo de que esta empresa sería un logro trascendental para el futuro de Santo Domingo.
Así expresan sus vivencias algunos de los que participaron en esta tarea...
“Trabajábamos a veces hasta las doce de la noche, sábado o domingo, cada vez que se podía.
La mano de obra de las aberturas correspondió a Amancio Rohrmann, restauró todas las puertas y ventanas, ha trabajado días y días. En cuanto a la albañilería todos éramos albañiles, tanto los profesionales como nosotros. Todos trabajábamos, incluso muchos padres y alumnos.
Los primeros bancos los hicimos todos en la casa de Jorge Mozatti. A veces trabajábamos desde la tardecita hasta la madrugada y Chiche Melgratti nos donaba achuras que comíamos allí mismo.
En mi casa se hacían carneadas, tanto para el comedor (se carneaban generalmente uno o dos animales por mes) como para realizar beneficios, (también uno o dos por mes). Muchas veces los padres de los chicos donaban animales; en otras oportunidades teníamos que comprarlos. Era mucha la gente que participaba en estas actividades, recuerdo a Arturo Vegetti (Caye), Juan Dolder (Pelusa), Leyza,
más la gente que los ayudaba. Fueron años en que uno era joven y tenía ganas de trabajar.”
Raúl Garza
“La creación de cosas era una vivencia muy linda en el pueblo, no había edades para trabajar. Todos iban, no había prejuicios. Ricardo Nagel (Mosta) por ejemplo, había perdido la presidencia comunal y sin embargo iba como cualquier otro.
Todas las noches se iba a trabajar, todas las noches había una tarea para hacer, cuando conseguimos la casa que gentilmente cedió Adam Nagel, fuimos adaptándola como se podía para que funcionara el Colegio. Fue la primera casa a ‘vestir’. Después conseguir la estación abandonada. Había tantas chilcas que era imposible creer que eso se iba a poder poner en condiciones, A partir del trabajo de
las máquinas empezamos a descubrir lo interesante de ese sector. ¡Lo que era esa estación! ¡ La transformación que ha sufrido hasta llegar a ser lo que es hoy!. No tienen idea del cambio.”
Otto Lozano
“Podemos revivir en estos días aquella etapa colmada de anécdotas, sacrificios, donde conformamos un hermoso grupo de trabajo con mucho compañerismo, y todo esto nos llevó a crear lo que es un orgullo para Santo Domingo y toda la población:
la Escuela Agrotécnica.
Me doy cuenta de que en la vida no hay imposibles... Nosotros nos dedicábamos a hacer la parte del local, las mesas, los pizarrones y todos teníamos nuestra tarea, entonces trabajábamos durante el día y por las noches nos reuníamos en el taller de Jorge con la colaboración de muchas personas que se acercaban. Las mujeres preparaban la comida que compartíamos en los cortos recreos que nos tomábamos.”
Héctor Schmidt
“Nos reuníamos a trabajar en principio en la casa que había que acondicionar, se pintaba, rasqueteaban paredes, se veía cómo se podían ubicar los bancos en las diferentes piezas. También nos reuníamos en un galpón de Jorge Mozatti cuando se comenzaron a hacer los bancos. Cuando se pensó en trasladarse a la estación del ferrocarril también se trabajó mucho. Era un abandono total, se consiguieron
máquinas de Vialidad para hacer la limpieza. Y todo el trabajo era ad honorem.”
Horacio Cantoni
“Empecé a trabajar en el economato, sin heladera, con ollas y utensilios que había donado la gente.
Se cocinaba para los profesores y alumnos. Teníamos muy pocos, uno o dos profesores y tres o cuatro alumnos que eran del campo, solamente dábamos el almuerzo.
El menú lo organizaba yo, cocinábamos ahí mismo y había que comprar las cosas que se necesitaban para la comida de ese día ya que como dije no teníamos heladera. Para enfriar los postres los poníamos sobre la casilla del gas, se enfriaban al aire libre. Nunca faltaba alguno que pasaba y le metía el dedo para comer azúcar quemada.”
María Aurelia Cantoni (Choli)
“A mí me vino a convocar la Sra. de Auce para trabajar como portero, la opción era trabajar sin cobrar un sueldo y había que organizarse; yo en ese tiempo tenía una verdulería, venía, hacía la limpieza, después me dejaban salir, hacía los mandados, el timbre lo tocaba la secretaria y yo salía a hacer el reparto de verdura. Era todo un manejo en el que colaborábamos todos.
Trabajé ad honorem 19 meses en setiembre del año 1983 por primera vez recibí un sueldo, me pagaron desde marzo a setiembre, un año lo perdimos.
Aún conservo mi primer recibo de sueldo. Estoy agradecido porque mucho o poco es un sueldo seguro, una obra social una jubilación futura.
Cuando se consiguió la estación Pericota se comenzó a refaccionarla, yo empecé a trabajar pero tuve que ausentarme por un problema familiar y le sugerí a Mozatti que lo buscara a Leonardo Cuffia para que me cubriera; y así comenzó a trabajar Leo.
Después los dos seguimos trabajando, pintando, arreglando el edificio actual.”
Omar Toledo
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